El caso de la chica que subió a internet el vídeo de su amiga siendo violada

Cine y Series, feminismo

No sé si habéis oído hablar del caso de Marina Lonina. Se trata de una chica estadounidense de 18 años que fue condenada, el pasado mes de febrero, a nueve meses de prisión por haber emitido en Periscope una violación en directo.

descargaPara saber exactamente de lo que hablo os recomiendo que veáis el último episodio de la serie documental de Netflix Hot Girls Wanted: Turned On y de la cual, por cierto, ninguno de sus capítulos os dejará indiferentes. Sexo y redes sociales es más o menos la temática de esta serie documental que tiene algunos rasgos distópicos que os recordarán a los peores mundos recreados por la popular Black Mirror… solo que, en este caso, serán completamente reales.

Es una gran serie documental pero de lo que vengo yo a hablar aquí es de su último capítulo y… de feminismo.

El episodio número 6 de Hot Girls Wanted: Turned On no se desvía de la línea argumental de la serie. Lo que parece una historia irreal para todo aquel/la que no esté familiarizadx con la actualidad norteamericana (porque al parecer allí fue una noticia de gran repercusión), es el relato de un escalofriante suceso completamente real contado en primera mano por la misma protagonista de los hechos: Marina Lonina, una chica condenada a nueve meses de prisión por haber emitido en Periscope una violación en directo en lugar de evitarla.

Contado así, tan resumidamente, el acontecimiento es estremecedor y estoy segura de que nadie sería capaz de ponerse de parte de esta chica. Sin embargo, todo cambia al haber visualizado el episodio y escuchado atentamente su versión.

No será hasta el final del capítulo cuando realmente lleguemos a indignarnos por lo que le sucede a esta muchacha que, en mi opinión, no es más que una víctima más del opresivo sistema patriarcal en el que vivimos.

Se trata de una joven que, por haber grabado un vídeo en el que una amiga suya era violada por un desconocido y subirlo a Internet, se enfrentaba a 40 años de cárcel acusada de los mismos delitos que se acusaba al mismísimo violador: violación, secuestro y agresión sexual.

Periscope-hearts

Pero… ¿por qué salgo yo en defensa de esta muchacha que, en lugar de salvar a su amiga del pene de ese asqueroso violador, decide grabarla y subirla en directo a Persicope para ganar unos likes? Bien pues… básicamente porque las cosas nunca son blancas o negras en esta vida y, en este caso concreto, los hechos tienen algunos matices que yo, sin ser jueza ni abogada, me atrevo a señalar:

En primer lugar está la necesidad de la sociedad norteamericana de regularizar a base de ejemplificación un tema que se les va de las manos: el del sexo en Internet y todos los riesgos y amenazas al control que más o menos anda vigente sobre esos temas en la actualidad.

Por otro lado está la falta absoluta de empatía del abogado de la chica que, desde mi punto de vista, carece de las gafas violetas necesarias para haber tomado partido en este caso.

Y por último, los hechos concretos que, es cierto, en este texto, así como en el capítulo, solo se basan en el punto de vista de la condenada pero, el cual, me atrevo a juzgar suficiente ya que parecen haber sido completamente ignorados por todas las partes concernidas en ese proceso judicial.

ff61e481043db614128a1a674785200b“Decidimos ir al centro comercial de Easton. Fue allí donde conocimos a ese tío” “Después de un rato nos invitó a su casa”, “nos dio alcohol y bebimos”. “Ellos tenían química”. “Yo me aburría”. “Decidí conectarme a Persicope y les pregunté si les parecía bien”. “Estábamos en realidades totalmente distintas”. “Cuando vi que empezaban a mantener relaciones sexuales no acabé de asimilarlo porque estaban bajo una manta”. “Nunca había visto a mi amiga manteniendo relaciones delante de mí”.

Esas son algunas de las frases que utiliza Marina Lonina para describir lo sucedido en la casa del violador, a la que las dos amigas acudieron libremente.

Así pues, según ella, los hechos acontecieron así: ella y su amiga salen a pasar la tarde al centro comercial de la ciudad en la que viven. Allí, conocen a un tipo que parece simpático y que las invita a su casa a seguir disfrutando de la tarde. Una vez en su casa, este las invita a unas copas. Todxs beben y, de repente, su amiga y el desconocido se empiezan a enrollar. Marina se siente desplazada y saca el móvil. Podría irse y dejar a su amiga con el desconocido pero, no sabemos por qué razón, decide quedarse…

De repente esos besos pasan a más y, debajo de una manta, se produce la violación. A Marina, con las copas que llevaba encima, no se le ocurre otra cosa que grabar la situación y subirla a Periscope, quedando completamente absorbida por los comentarios y likes que va recibiendo en el momento y a los que parece prestar más atención que a aquello que se está produciéndo en el mundo real, justo detrás de ella: su amiga, teniendo sexo no consentido bajo la manta con un hombre al que acaba de conocer.

¿Cuál es el problema que yo veo aquí? El problema no es que haya una persona sin escrúpulos que haya grabado una violación con violencia en directo y la haya subido a Internet sin tener remordimiento alguno, que es por lo que los medios de comunicación y el sistema judicial han tratado de hacer pasar a Marina Lonina. El problema que yo veo es la falta de información que tenían estas dos chicas en materia de violaciones y acosos sexuales.

Estamos acostumbradas a pensar que las violaciones B4cHol4CMAA7sU1se producen en la calle, a altas horas de la noche, por extraños armados, con forcejeos, cuando en realidad el mayor porcentaje de violaciones se da en entornos cercanos a la víctima. Esta vez era un desconocido… pero se había mostrado amable, había invitado a ambas amistosamente a su casa… no parecía el típico violador que te asalta por la calle a punta de navaja.

Probablemente nadie le explicó a esta chica que, por otra parte, acababa de cumplir la mayoría de edad (a su amiga todavía le faltaban dos meses para ello) que, cuando una mujer dice no, quiere decir no. Que da igual que antes haya dicho sí y no importa el número de veces que haya consentido ese acercamiento sexual si de repente cambia de idea y dice no porque, en el momento que dice no y el hombre continúa, se trata de una violación.

Probablemente ella no reconoció que estuviera viviendo una situación de violación puesto que fueron ellas voluntariamente las que se metieron en la casa del psicópata y porque nuestra cultura nos enseña a culpar siempre a la víctima en lugar de al violador.

Me parece terrible que la muchacha grabara esas imágenes y las colgara en la red. Igual de terrible que me parecen los miles de likes que obtuvo dicho vídeo. Sin embargo, me parece mucho más terrible que no se enseñe en los colegios más feminismo, que no se empodere a las mujeres para que aprendan a decir que no y a exigir que este se respete y que no se les den las herramientas necesarias para que, cuando una vea un caso como parecido, sepa reconocer lo que está viviendo y pueda reaccionar en solidaridad con sus hermanas.

Otra cosa que me parece igualmente terrible es que se intentara condenar a Marina Lonina por los mismos actos que realizó el único y verdadero culpable en todo eso: el dichoso violador, Raymond B. Gates (violación, secuestro y agresión sexual).

2000px-Feminism_symbol.svgAfortunadamente, de los 40 años a los que podría haberse enfrentado la joven, solo se enfrentará a nueve meses en prisión por un delito de obstrucción a la justicia. Nueve meses en prisión me parecen una eternidad para una persona de 18 años recién cumplidos que ha cometido un error. Un error muy grave, cierto; pero un error. Un error además del que toda la sociedad es cómplice y que se podría haber evitado si se educara a las niñas con información empoderadora que les permita tomar decisiones emancipadoras y enriquecedoras de manera libre y sana y que enseñe a los niños a no violar. Una información que, a fin de cuentas, muy probablemente habría también evitado la terrible violación sufrida por la víctima y que, lamentablemente, la acompañará ya el resto de sus días.

Así que, ¿qué podemos aprender de nuevo con este caso? Claramente: necesitamos más feminismo.

Feminismo o barbarie, compañeras. Es así y se vuelve a demostrar una vez más.

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